ARTICULO DE IGNACIO DEL VALLE EN EL COMERCIO.
ESTO LO DIGO YO: ¿LAS ASOCIACIONES SON PARA BENEFICIAR A CUATRO?
Bajo un poco de orbayu continúan las jornadas literarias de Pravia. El problema es que han comenzado a aparecer entre la buena voluntad de la asociación, entre la ilusión del personal, los Tentetiesos desdeñosos de Alicia a través del Espejo, los demagogos que cuando emplean las palabras significan lo que ellos quieren que signifiquen. En las mesas, en las conversaciones privadas, muchos de los entusiastas miembros desean todavía que las palabras mantengan su significado primigenio, que manden ellas y no quien las utiliza. En la mañana, entre otros, un ejemplo es David Barreiro, que nos cuenta cómo escribir con charme, con distinción, con garbo, con bizarría. José Luis Espina se nos pone en plan Burton -no el de Liz Taylor, el otro- y nos ayuda a explorar ese inmenso continente que es la melancolía. La crisis necesaria ha sucedido cuando la inefable e incombustible Susana Pérez Alonso ha hecho una esencial autocrítica de la asociación, una revisión medular de un organismo que ha empezado a esclerosarse, a depender demasiado del amiguismo y de un aparatchik que hace tiempo lastra la toma de decisiones, los proyectos, la consecución de objetivos, y finalmente frustra los ánimos de sus cofrades. Susana ha dado voz a lo que piensa mucha gente ya, y la única respuesta a su testimonio fue una irrespetuosa desbandada de quienes se sintieron aludidos. El único espíritu intacto que aún permanece de los objetivos originales de la AEA es el de la biblioteca Antón de la Braña, esa labor cardinal de la red de bibliotecas públicas de Asturias, que tiene en esta sala una fortaleza vigilante en la frontera de la ignorancia y del atraso. Yo siempre repito que soy escritor gracias a una biblioteca pública que me proveía de mi dosis diaria de fantasía y conocimiento.
Lo dicho. En la AEA ya no hay Gravitas, la virtud latina que tiene que ver con la credibilidad, con la producción de resultados. Menos mal que todavía nos queda la ironía y nuestra propensión al cachondeo.
Supermanolo Abad ejerció de maestro de ceremonias, y presentó un espectáculo erótico-literario-alcohólico-musical-festivo que implicó a los sospechosos habituales, Ernesto Colsa, José Luis Espina, Julio Rodríguez, Rubén Darío, los profesionales acordes del músico Pablo Valdés, José Havel, Rémora... Disfrutemos de lo que queda de estos encuentros y exijamos que en el futuro se produzca un debate, un análisis, una evaluación de este fenómeno desintegrador, porque si no se actúa, a lo mejor nos quedamos sin AEA. O la AEA se queda sin nosotros.
http://www.elcomerciodigital.com/20091108/sociedad/critica-necesaria-20091108.html
Escándalo y malos modos en el Ayuntamiento de Xixón
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